¿Peligra nuestro sector exterior?

De vez en cuando merece la pena echar un vistazo a los datos del comercio exterior. Básicamente porque, bajo mi punto de vista, es el factor clave para poder salir (verdaderamente) de la crisis. Esto es, aumentar nuestro nivel de producción y empleo a la vez que reducimos nuestra deuda total para con el exterior.
De vez en cuando nos encontramos unos titulares que parecen indicar que todo va según lo previsto, que todo va bien, como por ejemplo, el que podemos encontrar en la web del ministerio de economía: “El déficit comercial disminuye un 36,4% en septiembre”.
En el siguiente grafico se puede ver la evolución de las exportaciones e importaciones mensuales a precios constantes (y en media móvil) desde 2003:
 Las importaciones siempre por encima de las exportaciones, en una brecha creciente que nos ha metido en todo este lio. Y si bien es cierto que se está cerrando, a este mismo ritmo no será hasta principios de 2014 cuando empecemos a ver un diferencial positivo (en términos reales).
El segundo problema viene del factor que está potenciando esta mejora del sector exterior. Si mejoramos nuestro saldo mediante exportaciones, estamos potenciando nuestra producción y, por ende, el empleo. En cambio si lo que bajan son las importaciones, y no por una mejora competitiva (sustitución de bienes extranjeros por propios) sino por una caída en la demanda nacional (interna y externa), entonces el efecto sobre el empleo deja de ser positivo.
Por desgracia estamos en el segundo caso.
Las exportaciones han aumentado bastante en esta segunda fase de la crisis pero (1) para alcanzar la tendencia que dejó atrás con la primera crisis europea y (2) el ritmo actual ha bajado mucho, ya que el resto de países europeos también están intentando reducir sus importaciones por motivo de sus programas de ajuste.
Y como mostré en el análisis trimestral, la caída en las importaciones no se debe a una sustitución por productos nacionales sino a una simple caída de nuestro consumo total.
 Si bien nuestras exportaciones en términos reales (quitando el efecto por la inflación) han aumentado en torno a un 40% desde 2003, la gran parte de este aumento se debe a la evolución de las exportaciones de bienes intermedios, que han aumentado en un 64%. Los bienes de capital también han tenido un fuerte crecimiento (del 50%), pero es una cuantía tan pequeña (en comparación) que apenas sí ha afectado al total. En cuanto a bienes de consumo, apenas han aumentado un 7%.
En las importaciones la evolución es más pareja. Desde mediados de 2008, las importaciones de bienes de consumo han caído un 26%, y la de bienes de capital en un 37%. Con un consumo y una inversión a la baja nuestras necesidades exteriores se han visto reducidas con fuerza.
Pero si bien nuestras exportaciones se centraban en los productos intermedios, nuestras importaciones también destacan por esa vía. Viendo el saldo (como la diferencia entre exportaciones e importaciones), podemos ver el efecto de cada grupo sobre el saldo exterior:
Aproximadamente, desde mediados de 2008, el 55% de la mejora de nuestro saldo exterior proviene de la mejora en el saldo de bienes intermedios. Un 25% por la mejora en los bienes de consumo y un 20% por los bienes de capital.
Vamos a ver algo más detalladamente cada partida para sacarle algo de jugo con los datos del INE:
Primero los bienes de consumo:
Si bien los productos energéticos y el resto de bienes mantienen una evolución bastante estable, tanto los productos alimenticios (cuyas exportaciones han aumentado un 32% desde comienzos de 2010 y dado que la población de España ha dejado de crecer al mismo ritmo las necesidades de consumo, y por tanto importaciones, de un bien tan inelástico, se han estancado) y el sector del automóvil se han venido arriba.
Este último es de especial interés puesto que los centros de producción están mucho más localizados que la producción agraria. Las decisiones de producción son más discretas, es decir, que de un plumazo te pueden quitar toda una fábrica que da empleo a miles de familias. Esto ha obligado al estado a seguir impulsando las ventas de automóviles con el actual plan PIVE (y los que vendrán) para que el consumo no se resienta a pesar de la subida del IVA. Necesitamos mantener la demanda interna para no reducir las plantas de producción que nos permiten exportar (esto tiene mucho contacto con los teoremas de geografía económica de los que he hablado alguna vez, en concreto el conocido Home Market Effect).
Los bienes intermedios son aquellos que se utilizan en el proceso de producción de los bienes de consumo (bienes finales) o capital (bienes de producción):
Una de nuestras debilidades es el sector energético, y estos bienes mantienen no solo un saldo muy desfavorable, sino que lo siguen aumentando. De hecho toda mejora en el saldo de bienes intermedios proviene de los productos industriales intermedios que están a punto de alcanzar cifras positivas.
En cuanto a los bienes de capital (he eliminado algunas rúbricas que afectaban muy levemente al conjunto):
De nuevo, vemos una tendencia creciente en la mejora del saldo los bienes de transporte terrestre (intuyo que esto puede incluir camiones y otros vehículos que se utilicen para el proceso productivo, a diferencia de los automóviles de consumo final que hemos visto antes) y sobre todo la “mejora” en maquinaria.
Entre comillas, claro, porque la mejora del saldo de maquinaria proviene en un 75% de la caída en las importaciones de maquinaria derivada de una menor necesidad de producción. 

En resumen, nuestro saldo exterior ha mejorado pero muy lentamente. Nuestras exportaciones han seguido manteniendo el ritmo (aquí se alude siempre a la gran capacidad española de mantener nuestra cuota de mercado), pero una gran parte de la mejora en el saldo se deriva de una caída en importaciones derivada de una menor capacidad de compra y una menor necesidad de producción.
En un estado en el que queramos aumentar nuestro nivel de producción sin cambiar nuestro modelo productivo (y energético) va a ser difícil no ver incrementar de nuevo nuestras importaciones. Y si el contexto internacional mantiene el deterioro que estamos viendo, nuestras exportaciones no tardaran en entrar en terreno negativo (de hecho ya desde 2011 el crecimiento interanual de las mismas ha ido disminuyendo a un ritmo bastante estable, del 16% al 2,3%).
La cosa no pinta muy bien.
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