Aquel hombre del autobús

Volvía de dar mis clases particulares en Zuera. Puesto que no tengo coche, me toca coger el autobús y, hasta Zaragoza, tengo una media hora para poder leer a Zweig en un libro maravilloso titulado, “Momentos estelares de la humanidad”, un recorrido por los pasajes más importantes en el devenir de nuestra historia, la fotografía narrativa de un personaje, de un instante o de un acontecimiento que ha marcado de lleno el acontecer de nuestros días.

Pero esta vez me tocó algo diferente. Ya en la parada, un buen hombre, descamisado y sudado (había corrido desde la anterior parada), me hace el alto y me invita a una cerveza. No la acepto y, a pesar de llevar los casos a todo trapo escuchando lo nuevo de Daft Punk, el hombre comienza a hablarme.

Como podréis imaginar, no soy muy dado a hablar con extraños, pero para este específico caso algo en mí prefería dejar de lado el realismo narrativo de Zweig y centrarme en el realismo mundano de un presente más cercano. Al fin y al cabo, me había querido invitar a un cerveza.

Acababa de salir de la cárcel. Una multa impagada y unos retrasos demasiado retrasados se la habían jugado. Sin empleo, sin dinero y con una hija recién nacida.

Lleva tiempo yendo a comedores sociales con su familia, pidiendo vales para pañales (lo más caro, me dice), buscando empleo de pueblo en pueblo.

Por suerte, ha encontrado empleo en Borja, para la época de la vendimia: 25 euros el jornal, de unas nueve o diez horas (que serán más), con comida, cena y cama. “Una puta mierda”, recalca. “Y lo peor es la pregunta, que nunca se te va, ¿Y luego qué?”

Como no podía ser de otra manera, como si de un equilibrio se tratara, al que cualquier punto dado de una conversación tienda en una progresión creciente, surge el tema. EL TEMA, con mayúsculas. La economía. Y yo, mientras escucho y respondo, me cayo como una puta.

“La economía es como un ecosistema”, señala.

Y yo podría haber añadido que tenía razón, que la economía no se comporta como los reglajes matemáticos del perfecto movimiento planetario y que el futuro de la ortodoxia económica pasa por entender con mayor énfasis la no ergodicidad de un sistema complejo. Pero creo que el resumen que había hecho él era bastante apropiado.

“Si quitas a las abejas, estas no polinizan las flores, y las flores se mueren. Y entonces detrás van los herbívoros, y luego los carnívoros, y ya has jodido el ecosistema.”

El ciclo de la vida, que nos enseña de pequeños el pobre Mufasa. Otro paso importante para entender por qué un sistema complejo y lleno de interrelaciones es difícil y complicado de abarcar. Un pequeño cambio, una pequeña ausencia, y se te puede ir todo al carajo.

“Ahora nos fuerzan a emigrar o nos mandan al arroyo, y no se dan cuenta de que así eliminan a las abejas, y sin ellas, sin nosotros, el sistema no puede funcionar. Por cierto… ¿tú trabajas?”

Soy economista, respondo. Risas generalizadas. Veo que algunos del autobús sonríen también. Tras estar pontificando sobre economía y el mal de unas políticas económicas durante unos quince minutos se encuentra cara a cara con uno de la calaña que, seguramente, habrá criticado en otras instancias. Y entonces, como siempre, como otro punto de equilibro al que toda conversación tiende cuando dices que eres economista…

“Entonces, ¿Qué? ¿Cuándo saldremos?”

Entonces me doy cuenta. Mierda. Me he dejado la bola cristal en casa. ¿Qué coño le digo ahora?

Puedo decirle la verdad. Que lo tiene jodido. Que a partir de ahora nos van a vender la recuperación pero que va a seguir teniendo que buscar trabajos de mierda con los que ganarse la vida.

Pero, obviamente, opto por la esperanza. Le digo que poco a poco estamos mejorando nuestra relación con el exterior y, a pesar de las malas medidas del gobierno de Rajoy, podremos empezar a aumentar el ritmo de polinización para que el ecosistema vuelva a florecer.

Creo que me ha entendido, pero no está muy convencido. Y creo que yo tampoco.

Así que me disponía a hablarle del BCE, del contexto económico europeo y del euro y de cómo eso nos ataba en un marco institucional que todavía estaba en pañales y que, como los de su hija, salen muy caros. Que al día siguiente saldría el dato del paro de la EPA, que vería buenos datos en la televisión, pero que sigue habiendo muchas sombras en el horizonte, no tanto para la evolución macroeconómica, sino para el cúmulo de gente que, como él, lo tienen muy, muy jodido. Que tenga fe en los economistas, que no todos somos vendedores de humo y paja.

Pero antes de que pueda pensar en ello, llega mi parada. Me pongo mis gafas de Sol, le estrecho la mano y le deseo suerte. Él me sonríe y me dice que está bien, que se siente fuerte y conoce gente que está muchísimo peor, y al menos ahora puede estar con su mujer.

Yo me alejaba pensando que, por cómo gritaba en al autobús, no creo que le importara que escribiera esta sencilla conversación en mi sencillo blog de economía. Y espero que así sea.

3 comentarios en “Aquel hombre del autobús

  1. Me imagino tu situación y creo q no hubiera podido evitar contarle la verdad. Pero también pienso que somos lo que pensamos. Si todo el día escuchamos noticias negativas, a nivel subconsciente nos termina marcando, afectando y dirigiendo nuestros diálogos con el resto de personas. Esto hace que la gente te vea como un pesimista o cenizo… Y es que cada d´´ia me doy cuenta de que mucha gente no quiere oír la verdad, prefiere vivir con esperanzas y sueños como lenitivo, aunque sea para sobrellevar lo que es más que evidente…
    Te recomiendo escuchar los podcast de colectivoburbuja.org y que te animes a participar con ellos. Te gustarán!
    Salu2

    • Colectivo Burbuja! Los escucho casi diariamente cuando voy a la universidad o me voy de viaje. Son muy “negativos”, pero con un amplio espectro ideológico y muy abiertos. Yo también los suelo recomendar.

      Gracias por el comentario!

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