Recuperación económica… ¿Para cuándo?

Llevamos ya unos meses con el discurso de los brotes verdes. No se dice mucho, no se anuncia una clara recuperación y, desde luego, no se pronuncia la palabra “brotes verdes”, pues ya sabemos lo mucho que jodió tras que fuera el PSOE quien empezará a popularizar esa expresión (con mucha más razón), pero lo cierto es que el gobierno sí está intentando jugar de nuevo esa baza.

Es normal. Tras un año de recortes y ajustes exigidos de una austeridad que había que intentar colar a la población, ahora se hace necesario, para que la gente no se canse, intentar hacer ver una luz positiva, el final del túnel.

Decía Popper: “If we could predict what we will know, we would already know it”

Si pudiéramos predecir lo que vamos a conocer, sería porque realmente ya lo conocemos.

Algo parecido podemos decir de la recuperación económica. Todos los gurus que dan una fecha para la recuperación, intentan hacernos creer que la economía va a volver a empezar a crecer y a cambiar de tendencia, sin previo aviso, lo cual es imposible. Si pudiéramos decir una fecha que indicara la recuperación económica, sería porque, efectivamente, ya nos estamos empezando a recuperar.

Para que el crecimiento sea positivo, primero hay que reducir las tasas de decrecimiento.

Se alude a que, subyacentemente, por debajo de la economía, sin que lo veamos, está ya esta recuperación. No podemos verla nosotros, claro, pero los gurus sí. Y estudiándola han podido predecir qué día empezaremos a crecer. Como esos teólogos que cogían la biblia, jugaban con los números y nos decían cuando vendría el apocalipsis.

¿Cómo podemos saber si subyacentemente estamos recuperándonos si ningún dato está mostrando esa recuperación? Teólogos del crecimiento, del crecimiento y de la confianza.

Los brotes verdes, esa recuperación futura, pueden provenir de la mejor evolución del paro, que ya sabemos que hay que ver con la otra cara de la moneda, la afiliación, que sigue empeorando. Las tasas de crecimiento de la economía van a seguir empeorando los próximos meses, o quizás de la bolsa, que acaba de perder los 8000 mientras escribo este artículo.

Este optimismo barato, esta recuperación subyacente inexistente, es lo que hace que todas las previsiones hasta ahora se hayan quedado siempre cortas. Siempre. Desde el FMI, hasta la Comisión Europea y el Gobierno (aunque este es menos parcial, por lo que es entendible) se han quedado siempre atrás. Siempre hemos caído más o crecido menos. Quizás sea porque la recuperación que se pronosticaba nunca ha estado ahí. Y es eso lo que hace que este servidor no sea crea a esos supuestos gurus que anuncian recuperaciones a gogó. En 2013, nos decían en 2012. En 2014, nos dicen en 2013. Claro que sí, campeones.

Por cierto, que nos recuperaremos está claro. Tras la tempestad viene la calma. Pero, al igual que todos los catastrofistas tendrán razón alguna vez, todos los vendedores de fe también padecerán de la misma suerte.

Será entonces cuando todos digan el “yo ya lo dije”, sin que nadie se plantee cuantas veces lo había dicho y fallado previamente. Pero eso es el mismo cuento de siempre.

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