Oda al presente

Me sentía en la obligación de escribir algo sobre el nuevo anuncio del BCE sobre la forma en la que han articulado la ayuda a los países con problemas en su financiación.

Pero como soy bastante escéptico con el tema y no me gusta tirarme a la piscina por nada (¿por qué tenemos que tener siempre opinión firme sobre cualquier cosa en el acto? ¡Reivindico mi derecho a dudar!), prefiero irme por otros derroteros.
Para los que gustamos de seguir la actualidad económica, creo que hemos conseguido traspasar un poco el fino velo de la mera información para llegar a divertirnos con el tema. Me recuerda a aquella polémica cita de Fernando Savater en la que decía que se había divertido mucho con el terrorismo. Pero creo que la palabra correcta no es diversión, que implica en cierto modo alegría, sino, simplemente, entretenimiento.
Entretenimiento por poder ver el fluir de los acontecimientos, no como una serie de puntos en el tiempo, shocks, hechos, actos, citas, sino como una transformación paulatina, un choque continuo, un debate apasionado entre los actores de una realidad que es presente, y no histórica.
Las denominadas “guerras macro”, una pugna económica, ideológica y filosófica que, huelga decir, no acabará nunca, pero entretiene (y mucho) y estimula el pensamiento. Facciones contrarias las ha habido siempre, desde Platón y Aristóteles hasta la dicotomía entra racionalismo y empirismo, hasta la macroeconomía keynesiana y la microfundamentación derivada del hombre como ser puramente racional nos hace ver que, en gran parte, la raíz máxima de casi cualquier debate recae en términos filosóficos (y en como estos afectan a nuestra forma de hacer ciencia, pasando también por la confrontación entre el inductivismo y el deductivismo).
La trama se expande por las vicisitudes políticas. Los actores políticos e institucionales, internacionales y patrios, si bien comparten en mi opinión una gran inoperancia, también entretienen. Los hay tontos (de remate), cautos, interesados e inclusive inteligentes. Y si bien está mal clasificarlos cual novela de folletín, pues los matices importan (y gustan), socialmente pueden catalogarse en diferentes bandos, como una novela rio o una serie coral. Frau Merkel y Herr Schäuble, como los pérfidos alemanes, Weidmann como aquel conde en la corte que intenta tornar la política del reino a su favor. Un Draghi impotente y atado a los mandos de Dios sabe qué. Monti, un tecnócrata (suena a ciborg) que gobierna el imperio romano. La cuna de la civilización democrática dirigida por los hombres de negro. Un toro doblegado. “Cuando despierten los chinos…”.
Hablar en estos términos puede incluso llegar a ser ofensivo (es un extremo) pero es un ejemplo de cómo la realidad, a través del prisma adecuado, puede llegar a entretener como cualquier obra de ficción.
No solo hablamos de confrontaciones ideológicas (pensamiento) y políticas (actuación). También de confrontaciones naturales (impuestas por una realidad a la que estamos atados). Cambio climático, peak oil (o mejor, dicho, peak everything), explosiones solares, extinciones animales, hambrunas… La realidad nos golpea  a cada paso y nos mantiene despiertos.
La información económica y estadística consigue que podamos ver, o al menos intuir, el devenir de un mundo global en la palma de nuestra mano. No es un pulso perfecto ni completo, pero si es un pulso real, a su manera. Internet no solo nos mantiene en contacto con el mundo, nos permite interiorizar el mundo, asumiendo y asimilando más rápidamente los hechos, ampliando el área de debate y discusión, extendiendo las miras e ideas que hacen su propia batalla en el interior de nuestra mente.
No debemos olvidar la parte humana. No es un entretenimiento vacuo en el que poder cerrar el libro y olvidar a discreción. Tiene muchas partes negativas, mucho sufrimiento y mucho acto de superación. Pero empatizar con la sociedad es solo un paso (necesario) más en nuestra forma de entender y asimilar el mundo que nos rodea.
Por todo esto, y mucho más, el presente es tan estimulante, tan interesante y tan entretenido como pueda ser cualquier pasado o futuro, real o inventado. Por todo esto, y mucho más, disfruten de este año académico que comienza.
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