¿Cuál es el valor de la vida?

La pregunta tiene su aquel, no pueden decir que no. No solo por hecho fundamental de intentar poner un valor a la vida humana sino por el hecho de que ya está hecho.

Mucho se ha escrito, y lo poco que he leído empieza dando números de lo más variado (tanto que asusta). Es lo normal, claro, ¿Quién puede dar un valor real de la vida de una persona partiendo de cero? ¿Cuál es la probabilidad de que dos personas diferentes den el mismo valor?

Pero antes de dar datos, hay que definir como vamos a valorar la vida.

Si hablamos en el sentido más metafísico, el valor de la vida es incalculable. Por poner un ejemplo, nadie tiene derecho a comprar vidas, ni a traficar con ellas, ni a justificar el asesinato con un pago monetario. No ese el tipo de valor que estamos buscando.

La valoración de la vida se hace, entre otras muchas cosas, y en un sentido estrictamente económico, para la valoración de las muertes y los accidentes producidos. Podemos asociar esto, por ejemplo, al hipotético beneficio que conseguiríamos con un proyecto que redujera las muertes en un 5% (por una mejor carretera, u otros). ¿Si el proyecto cuesta dos millones de euros, es suficiente la reducción del 5% de muertes para justificar el coste?

Es decir, tiene su sentido ponerle un valor a la vida, porque reducir las muertes tiene un valor que, al menos, hay que tener en cuenta (aunque sea minusvalorado o sobrestimado).

Se puede hacer el calculo por diferentes vías. Una, por ejemplo, es ver la producción media anual de una persona, o el salario. Esto incide en lo que produce o lo que disfrutaría la persona si viviera. Multiplicándolo por el número de años que no va a poder vivir (teniendo en cuenta la esperanza de vida).

Otra forma de considerarlo es tomar el salario menos su consumo, que es algo así como lo que pierden los que quedan vivos tras la muerte de la persona. Pongamos el típico caso de una isla. Si un hombre recoge tres cocos y cada día se come uno, el hecho de morir hace que la sociedad de la isla pierda dos cocos cada día. Claro, esta valoración no atiende al muerto sino, únicamente, a lo que le interesa la vida ajena al resto de la sociedad.

Y nos ponemos con los números. Tenemos tres:

  • En primer lugar, el valor que dan las autoridades españolas de las carreteras, que estiman el valor de la vida humana en 210.000 euros.
  • En segundo lugar, para las instancias europeas, y siempre que el marco de estudio sea importante se hace caso a estas, ya que es el valor “estándar”, el valor es de 1.000.000 euros. Es decir, un millón. Cinco veces la valoración española.
  • En tercer lugar, el valor estimado por Riera y otros en 2007, estiman el valor en torno a los 2-2,7 millones. Aquí el marco es más amplio, pero como mínimo es del doble del empleado por las autoridades europeas.

Por cierto, los beneficios por disminuir los heridos graves o leves son de 100.000 y 10.000 euros respectivamente.

Así que ya lo saben. ¿Por qué le obligan a llevar casco en las motos? Por la probabilidad de acabar herido leve o grave e incurrir en un coste, que esta valorado de una forma contable exacta.

Y cuando le pregunten, ¿Cuánto vale su vida? Bueno, al menos ya saben por donde tirar.

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