¿Seguimos siendo alquimistas?

La alquimia fue el comienzo de los cimientos de la ciencia tal y como la conocemos hoy en día, como un conjunto de procesos que nos permiten obtener conocimiento objetivo y útil para toda una serie de propósitos que pueden ir desde la perfección del funcionamiento de un sistema  al mero conocimiento de la realidad que nos rodea.

La alquimia se caracterizaba por (y a esto no escapó ni Newton que por lo que sé, puso grandes esfuerzos) intentar transmutar los metales en oro. Es decir, la alquimia se caracterizaba por intentar obtener ganancias, beneficios, a través del conocimiento de la realidad y su manipulación.

Supongo, aunque de esto no tengo mucho idea, que la alquimia se fue abandonanda no solo porque se veía como el oro era una meta a conseguir imposible (o no viable) por métodos químicos, sino porque poco a poco iba siendo más reconfortante y beneficioso invertir el tiempo en aprender y conocer otro tipo de cosas (con más ahínco).

Pero mi pregunta es, ¿Hemos dejado de ser alquimistas?

Y hablo por la ciencia económica, cuyos escasos años de vida (si la comparamos con el resto de las grandes ciencias), me hace pensar si la alquimia no será un proceso más por el que toda ciencia debe pesar. El motor por el que la utilidad de obtener conocimiento se muestra tangible.

Esta semana pasada tuve la suerte de asistir a un congreso de econometría, con gente  de la universidad Carlos III y London School of Economics por bandera (no podemos decir que fue carente de ponentes de calidad). Y al segundo día surgió un pequeño comentario que me dio que pensar sobre el propósito de una gran cantidad de estudios económicos en el que se trata de entender los movimientos en tipos de cambio, interés, etc.

Por ejemplo, me cuesta pensar en una crítica sobre un trabajo que detalle con precisión el sistema reproductivo de la mariposa X de la región Y, por muy escondida que esté y por muy estéril que sea ese conocimiento para la vida humana. En cierto modo la ciencia no está al servicio del hombre, sino al servicio del conocimiento, y hay que intentar cubrir todo lo que se pueda. En cambio, en el congreso un ponente recibió varias críticas por su trabajo, no por no estar bien hecho sino “por ser una mera curiosidad que no sirve para nada más en si misma”.

Sin embargo, lo que si se celebra y se aúpa es toda una serie de trabajos que intentan explicar (y así surgió el pequeño debate), el funcionamiento de la realidad económica sobre variables con las que poder ganar dinero. Incluso alguien se atrevió a decir que el fin ultimo de la econometría era entender el funcionamiento de ciertas variables para poderse hacer rico, aunque él mismo ya ponía en duda que se pudiera hacer.

La suerte que tenemos es que los esfuerzos que hacemos los economistas son menos estériles que la alquimia. Transmutar un metal en oro por el método de prueba y error no es como intentar buscar las causas fundamentales (que ya existen) que hacen variar toda una serie de variables económicas.

PD: Si en química hablamos de la transmutación de metales, en física podemos hablar de la maquina del movimiento perpetuo. Ninguna ciencia escapa.

PD2: Actualizo con una imagen que vale más que mil palabras. Directo de la casa del libro.

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