De iguales oportunidades y compartimentos estanco

En teoría económica se suele argumentar que en un sistema de competencia perfecta, libre de la interacción del estado, la asignación (o equilibrio) conseguido es lo más eficiente. Y que lo mejor para conseguir además una sociedad equilibrada es que esta parta de unos recursos distribuidos de forma igualitaria.

Pero, de nuevo, no todo es tan fácil. La economía no es siempre un juego de suma positiva, sino que tiene (aun) muchos elementos que hacen que la competencia cree un ganador y un perdedor. Y no podemos negar que la suerte y el caos pueblan toda la realidad que nos rodea.

La falacia de tener iguales oportunidades para poder ser iguales económicamente no me sirve.

Dos personas que jueguen una partida a cara o cruz tendrán las mismas posibilidades de ganar, un 50%, pero realmente sólo ganará uno. Si han apostado algo, no hay manera de que, tras una partida, la economía quede igualizada, y no habrá sido por méritos propios, sino por mera suerte.

Pero me temo que eso no es todo. Las posibilidades de ganar en el juego económico de tu vida aumentan cuanto más tienes, en tanto en cuanto los que más tienen siguen acaudalando más, y los que menos tienen están estancados en el vacío. Más dinero, más posibilidades.

Una vez que llegas a un estatus económico más elevado, los juegos tienden a dejar de ser suma cero. Los oligopolios no juegan para que una de las empresas pierda, sino para que todas puedan ganar, con lo que el riesgo económico disminuye, y por tanto sus ganancias aumentan.

Lo único que es esto es un modelo explosivo donde el diferencial aumenta por razones endógenas. E incluso si nos vamos al plano más “técnico” del asunto, donde son las productividades o la astucia la que crea estas diferencias, podemos partir de la suerte o mala suerte que tiene alguien por no ser tan productivo, o tan astuto.

Y la pregunta es simple, ¿Por qué se sigue así? Está claro que el juego está montado para que haya unos pocos ganadores continuos y una gran masa de población resguardada en diferentes compartimentos estanco de los que es difícil salir. Es difícil salir de la pobreza, es difícil dejar de ser de clase media y es difícil dejar de ser rico. Se hace, claro. Y ahí está la clave.

Siempre sale gente conocida que ha pasado de ser un don nadie a alguien con dinero por su esfuerzo continuo. Hay películas, libros, donde una historia épico y personal nos cuenta las vicisitudes de una persona por abrirse paso por el mundo real para llegar  ser alguien. “Tú también puedes, sigue adelante.”

Porque la gente no odia a los que tienen más, los envidia, y quieren llegar a ser como ellos, por lo que nunca atacarán directamente su estatus, intentarán llegar a él, motivados por los contantes anuncios de una posibilidad existente. Pocas veces salen los datos negativos, de aquellos que estando arriba ahora están abajo, o de aquellos que lo intentaron y fallaron, para no desalentar a los que quieren probar suerte.

Pero la suerte no juega a favor de todos, y no podemos vencerla.

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